
Se veía venir que Michael Jackson acabaría mal, como hace unos días pasaba con Antonio Vega. Aunque la verdad es que ambos han acabado como lo haremos todos, sin duda. Me refiero a la celeridad en el proceso, a la adicción de uno, a la extravagancia y excesos del otro, a la muerte como culminación de la degradación.
Antonio pertenece por derecho a mi educación sentimental. Aún le recuerdo intentando pasar desapercibido en la barra del Bretón 77. A mí se me caía el alma al ver como se iba apagando, todavía su luz duró más de doce años. He tenido que dejar cierta distancia desde su marcha para poder decir poco, casi nada. Decir que “Se dejaba llevar” fue la banda sonora de la noche de amor. Después de aquella hubo muchas noches con amor, pero nada más.
Con el Rey del Pop mí relación fue menos intensa. Lo más cerca que estuve de comulgar con él se remonta a una noche de verano, de hace un cuarto de siglo o más, en La Alberca; tres amigos en el interior de un SEAT 131 oíamos compulsivamente la introducción de su tema “Beat It”, mientras fumábamos esencias traídas del Sur. Hoy su “chivata” se ha consumido y con él, en aquel bosque salmantino, aquella canción que sonaba a todo volumen hasta que Merce nos cortó el rollo. También aquellos tres amigos fantasearon años atrás con la rubísima Farrah Fawcett, pero el cáncer no perdona. Lo veían venir.
Se veía venir, aunque no quisiéramos, que la selección española de futbol se iba degradando, así que el 24 de junio, con el solsticio en apogeo, perdieron con la “potentísima” selección de Estados Unidos. Al día siguiente me levanté con un ataque de “forofismo” y leí con avidez la prensa deportiva digital. En As me detuve a poner un comentario y no lo publicaron, protesté a la dirección de correo de la redacción del periódico y a la del grupo Prisa, pero nada, no hubo manera. Yo sólo comentaba las diferencias entre el sumiso seleccionador actual y el poco mediático anterior, tan ariscote y que no permitía las injerencias, que se mangoneara en el equipo. Les recordé la sibilina campaña orquestada por su grupo para que se fuera. Les comentaba que seguramente Aragonés no hubiera permitido el culebrón del “Guaje” y los manoseos a las vanidades del resto del plantel. Les echaba en cara el pasar en un año del “Podemos” al “Fichemos” y del patriotismo y la exaltación hispánica a la sumisión blanca y florentina. ¡Qué se metan mi adhesión condicional en la papelera virtual! Luego se me pasó el forofismo y recordé, papá, porqué somos del Atleti.
Se veía venir que al Calvo le iban a dejar como nuevo. Remasterizado. No podía ser que por tener tan grande el corazón se le fueran ajando sus aledaños. Lo que no sospechábamos nadie es que le iban a recuperar el área cardiaca dada por perdida hace una década. Él, el Titi, no acelera los procesos bruscamente, si acaso se riega de vez en cuando con los mejores caldos. Podría cantar aquí sus excelencias y bondades, pero parecería esto un canto elegiaco:
- “¡Déjate de gilipolleces, orejón!”
Me recriminaría si tuviera que leer homenajes con tufillo a epitafio.
Se ve llegar, se vislumbra, la designación del Calvo a pionero de la familia para ser conquistado por el Sur. Y además es del Atleti.
Se veía venir. Cuesta un montón poner dirección hacia el Sur y echar a andar. Me temo que este año no haremos ni siquiera una triste incursión.
Antonio pertenece por derecho a mi educación sentimental. Aún le recuerdo intentando pasar desapercibido en la barra del Bretón 77. A mí se me caía el alma al ver como se iba apagando, todavía su luz duró más de doce años. He tenido que dejar cierta distancia desde su marcha para poder decir poco, casi nada. Decir que “Se dejaba llevar” fue la banda sonora de la noche de amor. Después de aquella hubo muchas noches con amor, pero nada más.
Con el Rey del Pop mí relación fue menos intensa. Lo más cerca que estuve de comulgar con él se remonta a una noche de verano, de hace un cuarto de siglo o más, en La Alberca; tres amigos en el interior de un SEAT 131 oíamos compulsivamente la introducción de su tema “Beat It”, mientras fumábamos esencias traídas del Sur. Hoy su “chivata” se ha consumido y con él, en aquel bosque salmantino, aquella canción que sonaba a todo volumen hasta que Merce nos cortó el rollo. También aquellos tres amigos fantasearon años atrás con la rubísima Farrah Fawcett, pero el cáncer no perdona. Lo veían venir.
Se veía venir, aunque no quisiéramos, que la selección española de futbol se iba degradando, así que el 24 de junio, con el solsticio en apogeo, perdieron con la “potentísima” selección de Estados Unidos. Al día siguiente me levanté con un ataque de “forofismo” y leí con avidez la prensa deportiva digital. En As me detuve a poner un comentario y no lo publicaron, protesté a la dirección de correo de la redacción del periódico y a la del grupo Prisa, pero nada, no hubo manera. Yo sólo comentaba las diferencias entre el sumiso seleccionador actual y el poco mediático anterior, tan ariscote y que no permitía las injerencias, que se mangoneara en el equipo. Les recordé la sibilina campaña orquestada por su grupo para que se fuera. Les comentaba que seguramente Aragonés no hubiera permitido el culebrón del “Guaje” y los manoseos a las vanidades del resto del plantel. Les echaba en cara el pasar en un año del “Podemos” al “Fichemos” y del patriotismo y la exaltación hispánica a la sumisión blanca y florentina. ¡Qué se metan mi adhesión condicional en la papelera virtual! Luego se me pasó el forofismo y recordé, papá, porqué somos del Atleti.
Se veía venir que al Calvo le iban a dejar como nuevo. Remasterizado. No podía ser que por tener tan grande el corazón se le fueran ajando sus aledaños. Lo que no sospechábamos nadie es que le iban a recuperar el área cardiaca dada por perdida hace una década. Él, el Titi, no acelera los procesos bruscamente, si acaso se riega de vez en cuando con los mejores caldos. Podría cantar aquí sus excelencias y bondades, pero parecería esto un canto elegiaco:
- “¡Déjate de gilipolleces, orejón!”
Me recriminaría si tuviera que leer homenajes con tufillo a epitafio.
Se ve llegar, se vislumbra, la designación del Calvo a pionero de la familia para ser conquistado por el Sur. Y además es del Atleti.
Se veía venir. Cuesta un montón poner dirección hacia el Sur y echar a andar. Me temo que este año no haremos ni siquiera una triste incursión.