No me apetece acabar así el año bloguero. No puedo dejarlo con ese último post triste que se quejaba del mes de octubre. Noviembre y lo que llevamos de diciembre han sido la demostración permanente de que todo puede ser al menos igual de amargo y trágico. Me quejaba de ausencias y muertes y después han venido otras, cuyo culmen ha sido la del Maestro Morente. El Destino –así escrito, como si del dios caduco se tratara- se ha encargado de recordarme que en el plano íntimo, familiar y doméstico todo puede ir a peor. Así que mejor no tentar a la suerte.
El año 2.010, que está a punto de dejarnos, ha sido un año de consolidaciones. Se ha afirmado la crisis. Se ha instalado en nuestras vidas como un pariente molesto, como una cuñada agorera y polifacética. No proporciona ninguna alegría pero sirve para culparla de todos los males, ya sean sociales o personales, que nos acontecen e, incluso, de los que nos acontecerán. Fea y desgreñada siempre esta mentándonos a su hermano, al que ninguno tenemos el gusto de conocer en persona. Nos restriega su apostura, lo bien que le va en la vida, su forma de dirigir, de apropiarse de todo lo que toca. Toma decisiones importantísimas, dicta desde el precio de las hostias –en todas sus variantes- hasta lo que deben estudiar los jóvenes. No viaja, es omnipresente, y a donde su figura no alcanza, la miseria y las dictaduras campan a sus anchas. Se jacta la cuñada crisis, y no sin razón, del menosprecio de su hermano hacia las soberanías y por ende a las voluntades populares, e incluso ha llegado a confundir a su ilustre allegado con el propio Todopoderoso. No en balde, en cuanto puede, luce su raquítico músculo y clama con resolución, que el mercado, que así se llama el susodicho, es el mismísimo Dios.
Y encima 2.011 parece que se presenta débil y escuálido. Sus dos palotes lo delatan. No es que no tenga mucha fe en que la cuñada se vaya y su hermano se sacie, es que me da repelús y pavor pensar en todos los que se quedarán en la cuneta del camino hasta que eso ocurra. Mientras tanto no nos dejarán fumar en los bares, se seguirá echando a la gente de su trabajo con indemnizaciones de risa, nuestros políticos harán como que gobiernan, los sindicaos harán, bueno no creo que hagan nada, y estaremos entretenidos con los partidos del siglo que se juegan cada seis meses. A todo lo anterior le añadimos unas cuantas catástrofes naturales, algún óbito de postín, un par de bodas reales y ya tenemos el año completito.
Pero no todo es malo. Se acaba el año con una brisa fresca y limpia que nos viene de Argentina. No nos llegaban cosas tan buenas de allá desde la carne y el trigo de los cuarenta. Ahora nos deleitan con la condena al general Videla. En España los dictadores y genocidas mueren en la cama, de viejos, después de dejar todo atado y bien atado; sus herederos reinan y sus discípulos, disfrazados de demócratas de toda la vida, le tocan el culo a la antes mencionada cuñada y brindan por la larga vida de su hermano. En Argentina se condena al traidor, al sedicioso, al genocida ¡Qué envidia!
Pero me sigue saliendo un post quejicoso. Volviendo al 2.010, y a sus consolidaciones, no quiero olvidarme de la del Club de la Canica, variopinto colectivo cuyo único requisito, a priori, para pertenecer a él, es el haber estado relacionado de uno u otra forma con el Orfanato Nacional de El Pardo. Luego se dan otros condicionantes que no todo el mundo cumple y, aunque esté mal decirlo, sirven para salvaguardar la excelencia de tan irreverente club. Guiados por su Comandante, romántica y persistente vanguardia, y azuzados en retaguardia por el llamado “Mandamás” logran a duras penas mantener un par de minutos de seriedad. Lo dicho, el 2.010 ha consolidado a tan jubilosa, campante y jaranera hermandad. ¡Larga vida al Club!
También ha sido un año de reencuentros. Ver de nuevo a Falete y a Rosa, celebrando un entrañable cumpleaños de mi Cielo Puchi, junto al resto de la pandilla, ha sido algo inolvidable.
Esta visto que entre otras cosas soy quejicoso, inconformista, inadaptado, algo gruñón, eterno aspirante a transgresor, pero potentado y millonario de amistad y amor ¿Qué más se puede pedir?
Deseo que en el 2.011 se vuelvan a dar esas cosas. Tener a los míos cerquita, aunque sea con cuentagotas. Creer ciegamente que Shanghai es un barrio de Madrid y Linares su capital.
2.010, ahí te quedas. Podías haber sido mejor, pero seguramente también mucho peor.
P.D.- Además estuve en Cádiz y Granada muy bien acompañado.