
“No escribas acerca de mí. No lo tomes a mal, agradezco tus esfuerzos, pero, antes que tú, ya lo hicieron otros con mejor estilo y mayor pericia. Esta vez yo escribiré en ti. Con el buril de mi esencia acanalaré tu alma y tu piel. Hubo otras ocasiones en que te toque con mi belleza y volviste alegre a tu lugar. Hoy estás herido de vida y de muerte, hoy ya eres mío y de nadie, hoy ya sabes que tu destino es ser un guijarro más en cualquiera de mis cármenes.
No podrás librarte de tus recuerdos enredados en Recogidas. En ambas ocasiones te guiaba una mano femenina. La primera fue la de una niñez en escapada de carretera y manta, de un miedo cerval por el funcionamiento inesperado de la criatura que te llama padre. La segunda, madura y sosegada, la mano de la compañera, la amante y la amiga. A partir de ahora sabes que las amas, in saecula saeculorum.
No has podido beber gratis el vino de la noche y en tus noches cualquier whisky por debajo de los diez años sonará a pedofilia escocesa. No has podido retirar tus ojos de mi belleza y en la oscuridad estrellada, desde Aben Humeya, has mirado mi Alhambra con el rubor y el encantamiento de creer que son los desnudos pechos primerizos que en otro siglo te volvieron loco. Has llorado y llorarás secamente por ello y pagarás con satisfecha liberalidad el vino que, con su brumoso proceso, te llevará hasta ellos, hasta la tersa y calida piel extinguida por el tiempo.
He puesto sobre tu espalda una ínfima parte del peso de la historia, de mi historia. Te he hecho comprender, una vez más, que todo cuesta. Has pagado el óbolo debido en los lugares en que me habitan los parásitos negros, de faldones de mentira que arrastran por los suelos. Has comprobado que su memoria histórica se resume en dos columnas, sacras, pulcras, ornadas por tétricas listas pétreas con los caídos por el marxismo. No mato a aquellos la sinrazón y el odio, los mató toda una filosofía para que hoy fueran recordados, mientras sus nombres y sus rangos, dentro del escalafón eclesiástico, sujetan el coro de mi Catedral y esperan pacientemente que el odio terrenal y divino recaiga sobre sus verdugos. Ironías que yo padezco desde siglos.
Verás que el destino del hombre es yacer, putrefacto e inmóvil, sobre la piedra o bajo la tierra. Entonces has entendido que la historia también sirve para que una pareja de franceses, muy parecidos a la versión gala de Doña Croqueta y Don Pimpón, visiten La Ilustre y Real Capilla en sandalias, con impolutos calcetines blancos. No siempre la estética y la historia van de la mano.
Subirás y bajarás, siempre que la luz te acompañe, el fácil y albo laberinto de mi Albaicín y no has podido, ni podrás, dejar de reparar en la cantidad de herederos de los hippies que, más que habitarlo lo recorren, como fantasmas nuevos con estética vieja. Acompañados por famélicos perros has creído que son parte de un eterno atrezzo, junto a los tullidos, los flamencos y los pedigüeños, de la función eterna que en mi se representa.
Pero no todos podían ser anónimos y desconocidos, es difícil pasar por mí y no relacionarse, es más difícil aún que yo pase por ti y no sientas la necesidad de hablar y de comunicarte. Así has podido sentir el privilegio que te da el camarero amigo de nunca, la recepcionista que no sólo te orienta si no te previene de oscuros peligros.
Has culminado, si el viaje es conocimiento y búsqueda, con esa extraña pareja que intentan demostrar que la razón y la amistad están por encima de religiones. Él, Osama, artista y barman. Mahometano, marroquí, de Tetuán. Ella, Hanna, americana, de padres judíos rusos nacidos en una de las múltiples repúblicas asiáticas escindidas de la antigua Unión Soviética. Los dos amigos de la palabra, de la belleza y por ende de la paz. Formasteis por un momento el triangulo, irregular, de las tres grandes religiones monoteístas que un día convivieron en mí. Bebisteis, hablasteis, reísteis y la madrugada se echó encima venida desde la esperanza.
Te he ocultado mi otra cara, no te he dejado ir más allá de la frontera del Genil y del paseo de la Bomba ¡Esa cara es tan parecida a las de otros lugares, a las de otras ciudades! Tocaba singularidad.
Y de nuevo la bruma y el regreso. Has hecho extraños balances e intentas recordar cuantas veces has pronunciado la palabra crisis. Ninguna. Cuantas veces has sentido rabia, impotencia, ira, prisa. Ninguna.
Ahora sentirás las punzadas de la nostalgia, la ansiedad que produce la abstinencia del Sur y permanecerás de esta manera hasta que al fin tengas la suerte última de ser guijarro en uno de mis cármenes.”