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miércoles, 23 de marzo de 2011

LOS OLVIDADOS DEL ORFA

Hay que tener mucho valor para volver a bajar la cuesta, esta vez la del recuerdo, que lleva a la entrada del Orfanato Nacional de El Pardo. Hay que haber sido alumno de aquel lugar para saber que se sentía al hacerlo cuando éramos niños. Alfonso Gutiérrez V. ha logrado volver a ser uno de aquellos niños y, vestido de nuevo con la ropa de domingo, descender el camino que le lleva a un resucitado Orfanato Nacional. Una vez dentro del -para muchos- triste y en horas siniestro recinto, se ha puesto sus pantalones cortos, su babi y sus sandalias de goma.

Tras muchos años, excesivos me atrevería a decir, internado en aquella institución, Alfonso ha dedicado y dedica su vida a la docencia. Primero como maestro de la antigua EGB y más tarde como profesor de educación física en secundaria. Aficionado a la escritura, ha ido componiendo en el tiempo una serie de relatos cortos, autobiográficos en su mayoría, que ha publicado periódicamente en su blog Retazos del Orfa durante los dos últimos años. De ésos relatos ha escogido los correspondientes a su etapa de párvulos y primaria para alumbrar su primer libro, “Los Olvidados del Orfa”, que será presentado oficialmente el próximo día 12 de abril en la Escuela de Música y Danza de Madrid, antigua sede del que fuera el Orfanato Nacional.

Los que tenemos el privilegio de poseer ya un ejemplar y haberlo leído estamos fascinados -no ya por la complicidad y el compañerismo, que también- al descubrir una lectura fácil, amena y límpida, sin pretenciosos arabescos literarios con los que a menudo nos regalan los escritores noveles. Tampoco -por más que algunos se empeñen- dentro de sus páginas hay explícitas denuncias, personajes dickensianos ni pústulas del alma que, al empezar a supurar, claman venganza por lo que nos tocó vivir. Sólo la mirada de un niño, de un chaval que nos cuenta su día a día de aquel lugar. Como cualquier niño en ocasiones, demasiadas, triste y melancólico. En otras alegre y excitado, pero siempre esperanzado en un giro vital que nunca llega ni con la ayuda de Dios ni con la del Capitán Trueno u otro héroe de la época.

El lector que no esté relacionado con el Orfanato Nacional y que ya gaste una edad verá similitudes con sus propias vivencias, sentirá la semejanza de juegos, tebeos, asignaturas y materiales escolares de aquellos tiempos. También recordará los atracones de religiosidad y de adoctrinamiento que para la mayoría, en especial los internos del Orfanato, no suplían ni de lejos las más elementales necesidades materiales. El lector joven podrá entender un poco mejor a sus mayores y ponderar los cambios, espero que para bien, que en materia educativa y social él ha podido disfrutar.

Supongo que serán más complejas las sensaciones de todo aquel que estuvo relacionado con la institución. Aflorarán recuerdos, buenos y malos, se sentirá identificado e incluso alguno se verá como uno más de los protagonistas del libro. Pero hay que recordar -y así lo hace el autor- que sólo son sus recuerdos y que no es la historia colectiva del centro ni ha sido nunca su pretensión. Esa historia está compuesta por los recuerdos de cada uno de los que pasamos por allí.

La historia total de aquello jamás se podrá escribir, como reflexiona en uno de los blogs dedicados al Orfanato que hay, nuestro amigo común y compañero J. Antonio Queipo:

“¿Quién está capacitado para escribir nuestra historia total? Me atrevo a decir que nadie, jamás de los jamases se escribirá. ¿Quién puede transmitir en un libro el dolor, el hambre, los sueños, las pesadillas, la persecución, las noches de castigos, los palos, los correctivos al sol? No se puede, pues en cada chaval había una intrínseca angustia, un daño irreparable y unas dolorosas e íntimas consecuencias. Eso no se puede escribir o transmitir y según van pasando los años cada vez menos, es imposible. Si alguien de nosotros escribe una historia y es buena, mejor no se puede hacer, pues pretender el todo es imposible”.

Seguramente esa sea una reflexión compartida por la mayoría de los antiguos alumnos del colegio. En definitiva cada una tendrá la suya.
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Me gustaría que los pocos que me leéis, si tenéis la oportunidad, asistierais al evento, pero sobre todo deseo que disfrutéis del libro.