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domingo, 13 de febrero de 2011

PARO "BIBLIOLÓGICO".


Vale, me pongo a ello. Voy a ver si soy capaz de escribir cuatro letras, coherentes y apañaditas, con el fin de que no me cierren el blog por derribo y mis escasísimos seguidores dejen de asomarse por aquí hartos de ver siempre lo mismo.

Son casi dos meses sin poner nada, que no de inactividad. Tengo cosas por acabar. Comentarios sobre los últimos acontecimientos. Reflexiones sobre Túnez y Egipto y en general todos los últimos movimientos en el mundo árabe, pero, como al final llego a la conclusión de que a sus dictadores les ha despedido el jefe y no las movilizaciones, pues doy poco de sí. Rala es mi fe en las románticas revoluciones y menos cuando por medio andan Alá, Dios y el presidente de los Estados unidos.

También tengo empezada una suerte de chanza sobre los marquesados que os la endilgo aquí y una cosa que llevo hecha.

¡Qué bonitos los marquesados! España, cuando a su monarca le da por repartir títulos, se parece más a sí misma: dama vieja con traje nuevo y acentuadas arrugas históricas que la triste democracia no sabe planchar. Este año los galardonados son: dos ex ministros tardo franquistas, el seleccionador nacional de fútbol y Don Mario.

Don Aurelio Menéndez Menéndez, desde el día tres pasado Marqués de Ibias, fue Ministro de Educación y Ciencias y Premio Príncipe de Asturias; resaltan estos hitos entre otros muchos de su extenso curriculum. También fue Ministro, esta vez de Hacienda, el ahora Marqués de Villar Mir, aunque será más recordado por perder unas elecciones a presidente del Real Madrid.

Bonito, donde los haya, el Marquesado de Del Bosque. Don Vicente del Bosque tiene aspecto de hombre bonachón y formas de prudente y correcto hasta rozar el estoicismo. Raro es que manifieste malestar por las putadas recibidas, como cuando los ahora, otra vez, mandatarios del club donde desarrolló la mayor parte de su carrera deportiva, decidieron despacharle, un día después de conseguir el campeonato de liga, por falta de carisma e imagen acorde a los nuevos tiempos que requería la entidad. A partir de ahí, como si Dios existiera, ha alcanzado la mayor gloria del fútbol español al ganar el campeonato mundial de selecciones. Ahora es Marqués y lo serán sus sucesores. Si no fuera porque soy un republicanazo éste título me parecería un colofón de cuento de hadas.

Por último, pero no menos importante -ni más- Su Majestad, le ha otorgado el Marquesado de Vargas Llosa a Don Mario. Está de buen año el hombre que, según su esposa, sólo sirve para escribir. Cuánta razón lleva su santa, porque si algo hace, como los verdaderos ángeles, es escribir, pero ¡ay, cuando se sale de lo suyo! Don Mario está en racha, siempre lo ha estado, y, en poco tiempo, al Nobel ha añadido el nuevo título nobiliario; lástima que éste le ha llegado a destiempo y lo sabe. Estoy convencido de que a él, por la misma vía, la monárquica, le hubiese gustado ser Virrey del Perú. De haber nacido un par de siglos antes habría alcanzado lo que le negó las urnas. Se lo podría haber otorgado el Borbón de turno y así haberlo hecho inmensamente feliz. Quién sabe si pasearía su fina estampa en carruaje de caballos acompañado por su tía Julia o con su actual señora. Entonces, el ahora Marqués, podría haber dado rienda suelta a su liberalismo, tan incipiente entonces, como caduco ahora.

Hace años que no le leo, Don Mario, me quedé “En la guerra del fin del mundo” que en su día me prestó un admirador suyo. Me siguen diciendo que lo hace usted con mayor maestría si cabe, lo de escribir, se entiende. Usted sabrá perdonarme, Señor Marqués, pero ante tantos textos y tan poco tiempo, prefiero algún ejemplar de un perfecto idiota español o latinoamericano, avalados en su idiotez, por su hijo o por Montaner.

Total que, entre marquesados, revoluciones, navidades, cierres y aperturas contables, la ley antitabaco y demás, me he tomado una suerte de paro “bibliológico” en esto de escribir, que no en lo de pensar, que me sale solo y no siempre bien.

Además, está el cuerpo para pocas fiestas y el tono vital anda bajo. Más allá de alguna alegría doméstica, alguna reunión de amigos, de algún libro -sin la prosa del Marqués, pero con la imaginación de Millás o el humor de Eslava Galán- la vida sigue pasando como pasan las cosas que no tienen mucho sentido.

Espero retornos, más reuniones, más libros (sobre todo “el libro”) absoluciones por la vía culinaria, confeccionadas por mi mismo o por otros y culminadas en pareja o en grupo.

¡Menos mal que nos queda la gastronomía!

Del Atleti ni hablamos.